El Muelle del Tiempo: arte, memoria y naturaleza en la costa de Tepuhueico
En lo profundo del bosque lluvioso de Chiloé, donde el verde se encuentra con el océano, emerge una obra que detiene el tiempo: el Muelle del Tiempo, ubicado en la zona costera del Parque Tepuhueico. Más que una pasarela sobre el mar, este muelle es una escultura viva, un puente simbólico entre la memoria, la contemplación y la naturaleza.
Una obra de Chumono
La autoría de esta pieza corresponde a Marcelo Orellana Rivera, más conocido como Chumono, escultor, docente y gestor cultural. Radicado en Chiloé desde el año 2001, ha desarrollado una obra profundamente ligada al territorio y a su cosmovisión. Utiliza principalmente maderas nobles caídas naturalmente en los bosques de la selva valdiviana, integrando su arte al paisaje con respeto y sensibilidad.
El Muelle del Tiempo es la tercera obra de una trilogía que Chumono ha instalado en la costa pacífica de Chiloé, junto al conocido Muelle de las Almas en Punta Pirulil y el Muelle de la Luz en Chepu. A diferencia del primero, que representa el tránsito de las almas al más allá, el Muelle del Tiempo reflexiona sobre el presente y la posibilidad de cerrar ciclos con gratitud y sabiduría.



Simbolismo y orientación
Construido en dirección oeste, el Muelle del Tiempo alude al ocaso, al final del día, y por tanto, al paso del tiempo y a la finitud. Esta orientación no es casual: en la tradición chilota, el oriente se asocia a la vida (donde nace el sol) y el poniente a la muerte. Pero a diferencia del Muelle de las Almas, este no simboliza la partida, sino la pausa. La posibilidad de detenerse, mirar atrás, reflexionar y agradecer.
Una experiencia inmersiva
La caminata hacia el Muelle del Tiempo es corta y muy accesible. Desde la entrada costera del Parque Tepuhueico, tras una ruta señalizada y bordeada por el río Pumol, se llega en menos de 45 minutos a pie a esta obra suspendida sobre una playa solitaria, custodiada por acantilados y aves marinas.
Quienes llegan hasta aquí no solo se encuentran con una escultura, sino con un espacio sagrado para la contemplación. En días despejados, el mar se extiende hasta el horizonte como un espejo del cielo, y en invierno, las olas y el viento dan un tono más dramático al paisaje.


Historia material del muelle: memoria del Fundo Quilán
El Muelle del Tiempo no solo dialoga con el paisaje y la cosmovisión chilota; también está construido con fragmentos de historia. Parte importante de su estructura proviene de maderas de ciprés de las Guaitecas rescatadas de una antigua casona del Fundo Quilán, levantada tras el devastador Terremoto y maremoto de Valdivia de 1960. Este evento borró gran parte de las construcciones que existían más cerca del borde costero, obligando a reconstruir en zonas más resguardadas.
La casona fue construida por Eduardo Sahr, hijo de Otto Sahr, y cumplía un rol funcional dentro del fundo: era un punto operativo para las faenas ganaderas. En ese entonces, el territorio estaba marcado por la presencia de animales vacunos conocidos por su bravura —los llamados “baguales”—, cuya fuerza y carácter quedaron reflejados no solo en la vida cotidiana, sino también en la cultura local. En Huillinco y sus alrededores, existen cantos y cuecas tradicionales que relatan estos encuentros, describiendo cómo las personas se escondían ante el paso de las manadas.
Estos animales eran criados en condiciones difíciles, en campos de baja productividad, lo que obligaba a prácticas extensivas. Durante el verano, se realizaban arreos hacia Castro, donde se comercializaban principalmente las crías. Los trabajadores del fundo —hombres de campo dedicados al manejo y arreo del ganado— organizaban estos desplazamientos como parte esencial del ciclo productivo.
El lugar donde se emplazaba esta casona representaba, además, un límite geográfico y simbólico: era el último rastro de ocupación humana hacia el suroeste de la isla. Desde allí se organizaban estas travesías hacia territorios aún más remotos, en busca de animales salvajes, viajes que hoy forman parte del imaginario profundo de Chiloé y de la memoria viva de la gente de Cucao. En este contexto, estos viajes al sur representaban una verdadera épica local y un rito de iniciación para los hombres de Cucao: mientras más al sur lograban internarse, mayor era el prestigio, la experiencia y el reconocimiento dentro de la comunidad.
La vivienda fue habitada por diversas personas a lo largo del tiempo, siendo la familia Pérez —cuidadores del fundo— quienes le dieron un uso más continuo y significativo. Hoy, sus restos viven una segunda vida en el Muelle del Tiempo, transformados en una obra que no solo mira al horizonte, sino también hacia las capas invisibles de la historia que sostienen este territorio.
Arte y conservación: una alianza posible
La existencia del Muelle del Tiempo en Tepuhueico encarna la misión del Parque: proteger el patrimonio natural y cultural del territorio, ofreciendo experiencias regenerativas y de profundo vínculo con el entorno. Esta obra no fue impuesta al paisaje, sino integrada a él, respetando la historia, la ecología y el ritmo de la naturaleza.
Invitamos a todas y todos quienes visitan el Parque a tomarse un momento para vivir este lugar. No solo para la fotografía, sino para el silencio. Para la pausa. Para honrar el tiempo vivido y el que vendrá.




